jueves, 10 de marzo de 2011

La femme en bleu


La femme en bleu

Sinopsis:

Pierre, musicólogo parisino cercano a la cincuentena, lo tiene todo para ser feliz, un buen apartamento, una casa de campo, amigos, amantes e incluso una mujer que le ama: Aurélie. Un día, Pierre se cruza por azar con una joven toda vestida de azul. Contrariamente a sus costumbres, él no la aborda y la chica desaparece. Casi de inmediato Pierre se sentirá obsesionado con esa misteriosa mujer de ensueño, y a partir de ese momento no pasará un día sin buscarla por todo París, durante el día y la noche. Pierre llega a involucar a Aurélie en la búsqueda, quien prefiere enfrentarse a una rival real en vez de a un fantasma. Mientras persisten en esta búsqueda, ella se va dando cuenta de que la vida de Pierre comienza a desmoronarse.

La femme en bleu. Reseña


La femme en bleu

Reseña:

La mujer de azul (en España se estrenó como La dama de azul) es una tragicomedia muy setentera en su estilo y nos sumerge el el París de la época en su primera mitad, pues luego transcurre en el campo. Cuenta con buenas interpretaciones a cargo de Picolli y Massari, quienes forman una pareja interpretativa que funciona muy bien en la pantalla. Piccoli retrata a un obsesivo a la manera de personajes de Buñuel, director con el que trabajó varias veces.

La película tiene un tono narrativo que fluctua entre el sueño, la memoria y los hechos reales y su estilo, que prefigura el de trabajos posteriores de Deville y tiene similitudes de tono y estilo con otra película con Piccoli como protagonista:
Las cosas de la vida de Claude Sautet, aunque difiere de esta en el uso de la comedia, que en esta película Deville utiliza para señalarnos que la realidad supera a cualquier ensoñación.

Deville persuadió a Simone Simon, la protagonista de la
Cat People / La mujer pantera de Jacques Tourneur, para que abandonase su retiro e interpretara un pequeño pero memorable papel en esta película.

La femme en bleu


La femme en bleu

Ficha Técnica:

Título original: La femme en bleu
Director: Michel Deville
Guión: Michel Deville
Director de fotografía: Claude Lecomte
Música: André Girard, con música original de Bela Bartok y Franz Schubert
Montador: Raymonde Guyot
Intérpretes: Michel Piccoli (Pierre), Lea Massari (Aurelie), Michel Aumont (Edmond), Geneviève Fontanel (Ghislaine), Sabine Glaser (Katrina), Marie Lasas (la mujer de azul)
País: Francia
Idioma: Francés
Duración: 95 minutos
Productor ejecutivo: Leo L. Fuchs
Productoras: Éléfilm (París), Italian International Film (Roma)
Empresa distribuidora en Francia: Les Films de La Boétie
Empresa distribuidora en España: AS FILMS S.A.-INTERPENINSULAR FILMS S.S.
Ficha en Internet Movie Database:
http://www.imdb.com/title/tt0068581/

Michel Deville


Michel Deville

Deville comenzó su carrera cinematogáfica con una formación tradicional como asistente de Henri Decoin en una decena de películas. Beneficiada por el clima eufórico creado por los directores de la emergente “Nueva Ola” del cine francés, su carrera como director comienza en 1958 en la película policiaca Une balle dans le canon, en colaboración con Charles Gérard. Mantendrá una estrecha colaboración hasta 1971 con la guionista Nina Companeez, junto a quien ya realizó Ce soir ou jamais en 1961, de la cual nacieron once comedias ligeras brillantes e imaginativas. El fin de esta colaboración marcará un cambio de estilo a un tono cada vez mas sombrío. La manipulación y la perversidad se convierten a partir de entonces en los temas centrales de su trabajo, con una visión del mundo ácida y ambigüa. Deville intenta cambiar de registro en cada película y se resiste a la clasificación como director de un género concreto: La comedia dramática de época en Raphaël ou le débauché (1971), la comedia social en Le Mouton enragé (1974), el thriller político opresivo en Dossier 51 (1978), la road-movie introspectiva en Le Voyage en Douce (1980), la intimista Nuit d'été en ville (1990)...

Premios:

Mejor guión, 1979 en los Césars du Cinéma Français por la película
Le Dossier 51

Grand Prix des Amériques, 1988, Festival des films du monde de Montréal por la película
La Lectrice

Prix Louis-Delluc al mejor realizador francés del año, 1988, por la película
La Lectrice

Mejor realizador, 1989 en los Césars du Cinéma Français por la película
Le Dossier 51

Mejor guión, 1999 en el Festival International de Cine de San Sebastian por la película
La Maladie de Sachs

Mejor realizador, 1999 en el Festival International de Cine de San Sebastian por la película
La Maladie de Sachs

domingo, 3 de octubre de 2010

BLV Polo Artistiko

foto: acción de Juan Inciarte. Alejandro de la Rica

Exposición: BLV POLO ARTISTIKO
Museo de Reproducciones Artísticas. Calle San Francisco 14. Bilbao
7 al 15 de Octubre 2010
Inauguración Jueves 7 de Octubre 20 h



BLV POLO ARTISTIKO es una exposición de carácter documental fruto de un trabajo de investigación entorno al mundo del arte en la zona de Bilbao La Vieja, San Francisco y Zabala. Si bien es cierto que cada vez más personas descubren la intensa actividad artística y cultural de ésta zona son pocos los que saben que éste polo artístico bilbotarra tiene su propia historia. A través de ésta exposición acercamos ésta historia a todos aquellos que quieran participar de ella.

Con el fin de llevar a cabo este proyecto, Txema Agiriano, comisario, crítico e investigador en Arte y director del festival MEM, ha contactado y ha entrevistado a muchos de los protagonistas, recogiendo archivos e información con los que se ha conformado la exposición que ahora vemos. Safi Gallery, Kultur Bar, X-Planet, Las Chamas, La Merced, La Brocha, BilbaoArte, Palanka, Sarea, Abisal, Espazio Marzana, MEM, Amatau TV, A+T, Anti, Netlach,… y muchos otros forman parte de ésta historia que ahora intentamos dar a conocer. Muchas de las iniciativas artísticas de los años ochenta y noventa en BLV eran desconocidas no sólo para muchos de los nuevos galeristas, productores culturales y artistas que trabajan en el barrio, sino incluso para algunos de sus coetáneos. Esperamos que ésta pequeña exposición, que confiamos pueda desarrollarse en un futuro, y que es fruto de un trabajo que habría sido imposible sin la entusiasta colaboración de los artistas que vivieron aquellos espacios y momentos, sirva para dar valor a estos pioneros del arte en BLV.

Ésta exposición ha sido organizada por el festival internacional de artes experimentales MEM, nacido en 2002 y con sede en San Francisco y que forma también parte de ésta humilde historia.

La exposición se enmarca dentro de las jornadas culturales BLV Art. Puente a la Cultura 2010.

http://mamorro.blogspot.com/2010/08/blv-polo-artistico-en-euskal-herria.html


Agradecemos la colaboración desinteresada de Alejandro de la Rica, José Ramón Bañales, Alberto Urkiza, Beatriz Silva, Fausto Grossi, Josu Rekalde, Felipe Uribarri, Aurora Suárez, Amatau TV (Oier + Tasio), Oto, Ramón Churruca, Carmelo Camacho, Emilia Epelde, Amaia Atorrasagasti, Espacio Philippe Pascal, Oto León, TVE en el Pais Vasco, Maria PTQK, A+T, Ismael Iglesias, Mikel Eskauriaza, BilbaoArte, José Lis Arrizabalaga, Fito Rodríguez, Espacio Marzana, Espacio Abisal, Mugalari, Museo de Reproducciones Artísticas, y un largo etc.

domingo, 5 de septiembre de 2010

cine en Pulimentos

Vuelve el cine a Pulimentos del Norte. Gratis:

Miércoles 1 de Septiembre 19 h:
Saló o los 120 días de Sodoma de Pier Paolo Pasolini

Miércoles 8 de Septiembre 19 h:
Los Cuentos de Canterbury de Pier Paolo Pasolini

Miércoles 15, 22 y 29. Ciclo de Cine y Memoria:
Histoire(s) du Cinema de Jean-Luc Godard

Miércoles 15 de Septiembre 19 h:
Histoire(s) du Cinema de Jean-Luc Godard
Todas las historias
Una historia sola

Miércoles 22 de Septiembre 19 h:
Histoire(s) du Cinema de Jean-Luc Godard
Solo el cine
Fatal Belleza

Miércoles 29 de Septiembre 19 h:
Histoire(s) du Cinema de Jean-Luc Godard
La moneda de lo absoluto
Una ola nueva

Miércoles 6 de Octubre 19 h:
Histoire(s) du Cinema de Jean-Luc Godard
El control del universo
Los signos entre nosotros

Pulimentos del Norte
Calle Cortes 29-31. 6ºE
48003 Bilbao
http://pulimentosdelnorte.com/
http://www.openmem.com/

lunes, 5 de abril de 2010

El Almuerzo Desnudo de David Cronenberg


Ciclo de Cine y Memoria gratis en Pulimentos del Norte (Calle Cortes 29-31. 6º E 48003 Bilbao)

Miércoles 7 de Abril:

"Naked lunch" (El Almuerzo Desnudo) de David Cronenberg (1991) 115 min


El Almuerzo Desnudo

Las resonantes mansiones del dios subterráneo

 

La Edad Media se representó el fin de la vida como un conflicto entre el alma y la muerte por el control del cuerpo (de ahí el término agonía: agon, es decir lucha, combate). Durante mucho tiempo el cuerpo sólo fue visto como un sustrato sucio, como un resabio que amarraba lo puro (el alma). Esta idea surgida en los cultos órfico-pitagóricos, y popularizada por Platón era una idea revolucionaria en Grecia.

La Grecia clásica tenía una concepción totalmente distinta (como lo hizo notar Nietzsche en El Origen de la Tragedia). Para un griego el cuerpo no era sólo el sostén del alma, era el lugar, el sitio en que el hombre habitaba: el único sitio en que el hombre podía existir. No había vida después de la muerte del cuerpo. Es cierto que el alma descendía al Tártaro, pero esa sobrevida no tenía ninguna relevancia, era (a lo más) un resultado inesperado en el que se conservaba el recuerdo de lo vivido, pero sin la capacidad de sentir el placer que producía cuando se estaba vivo.

 

Esta concepción griega es central para entender una película como El Almuerzo Desnudo (Naked Lunch) de Cronenberg. Podríamos decir que la película es un viaje, un descenso a la oscuridad opaca de los paraísos artificiales (en palabras de Baudelaire), una road movie entre los insterticios de una conciencia.

 

Este regreso delirante lo realiza el protagonista (Lee, alter ego de Burroughs) exaltando su constitución física a través de las drogas, es decir, dejando fluir los estados de conciencia en que ya no hay distinción entre el dentro-fuera. Las drogas son una especie de catalizador que difumina los límites claros de la metafísica platónica que habíamos señalado antes. Eso es lo distinto con el excelente libro de Burroughs. Aquí el protagonista no son las drogas, sino el cuerpo que se ve liberado por ellas.

Como decíamos al principio, en la Grecia clásica tenían una palabra para explicar la relación que se establece a un nivel puramente físico, los sentimientos no auratizados, lo que nosotros llamaríamos la "atracción o repulsión de piel", o el "caer bien o mal de presencia". Esa palabra es pathos. Pathos es la característica que define a los hombres (incluyendo a los dioses, que poseen un pathos inmortal, sólo alterado por las aguas de la Estigia) y los animales. El pathos es la energía de la vida y se concentra en el cuerpo. Es por eso que al morir se pierde.

Cronenberg logra presentar ese elemento en El almuezo Desnudo.

Es cierto que el tema de la corporalidad y sus límites representacionales es su tema, pero aquí como en muy pocas películas (la excepción podría ser La Zona Muerta, pero no queremos extendernos en ella), desarrolla una interrogación sobre los límites desinenciales, en la medida que toda conjugación se desarrolla a partir de las certezas pasadas: para decir de algún modo, es necesario contar con un contenido representacional al que asociar la imagen, el sonido o lo que sea. Pero, ¿qué sucede cuando esos límites son interrogados en su propia condición de desarrollo, en su causa del movimiento?

¿Qué hace de un límite una condición transitoria? No digamos ya una transición abstracta, una transición de cualquier parte a cualquier parte, sino una transición del yo teatralizado, puesto en escena en la "realidad", limitadas sus pulsiones, hacia el yo en que dicha realidad y su decir se fragmentan, se desterritorializan (Deleuze-Guattari) y se vuelven identidades difusas.

¿Aparece el deseo en El Almuerzo Desnudo? No, no hay deseo cuando no hay una subjetividad soberana, un significante-amo que domine. Esta es una gran novedad de Cronenberg, no ya el doble diluido de Inseparables, sino la experiencia del fragmento que es incapaz de relacionarse consigo mismo. Lee (el Lee de Cronenberg) no es móvil ni inmóvil, en él todo descansa en la condición frágil de lo pasajero, de lo transitorio. Pero no de una transición hacia algo, sino de una transición que se cierra, que cuaja en el constante desaparecer de las certezas, de las creencias en que los términos, las palabras, los objetos guardan en sí una esencia que (si bien es difícil) se puede descubrir.

Ya no hay relación con fenómenos, con entes, con apariencias, sino con residuos, cadáveres. La memoria de Lee en El Almuerzo Desnudo no logra estructurar un todo coherente, y eso no se debe a las drogas, ellas sólo traducen una experiencia que el cuerpo conoce: el constante conflicto por mantenerse situado (es decir mantenerse en situación) espacial y temporalmente. Pero ese espacio-tiempo se le huye en la película. Y no lo hace bajo la apariencia ingenua de una realidad paralela, sino a través de la fuga del pathos que mantiene relacionado, cohesionado, lo que le aparece a la conciencia de Burroughs. En este sentido, la lucha, la guerra, en la que él toma parte es analogía de esta situación de dis-armonía que las drogas permiten vivir. Pero no es necesario utilizarlas para mirar por la ventana de la conciencia herida del protagonista.

Este es quizá uno de los puntos más altos e interesantes que Cronenberg trabaja experimentalmente en sus películas: la transformación del espectador en un vouyerista que disecciona a sus víctimas, como si asistiéramos a una obra de Artaud en que actor y personaje se funden en un acto sacrificial. Y es que el actor da lo mismo, el actor es el propio espectador que padece la violencia psíquica de recordar su cuerpo, de recordar las sensaciones que una larga tradición metafísica ha escondido, volviéndolas espirituales.

Es en ese sentido que no hay deseo (no hay alguien que desee), que no hay dolor, que no hay placer, sólo hay cuerpo sondeando su propia realidad, su propio desgarrarse continuo, intentando ver ahí donde no hay nada.

No es que la película ciegue nuestra vista interior, sino sólo que la lleva hacia la piel, hacia los excitantes fotosensibles y entonces les aplica una luz fuerte, fuertísima.

El protagonista (nosotros-él-nadie) está exiliado a un mundo vacío de referencias indiciales. Al igual que en la guerra que ya no podemos entender, Interzone, es ese lugar donde ya no hay historia ni objetivo.

Cronenberg fuerza de tal modo el poder de la amnesia que ya no funciona como olvido, sino como potencia activa. No es que perdamos algo, sino que el acto de no conservar es la actividad, la única actividad, que le queda por realizar a Lee y al resto de los personajes. Es en este giro (convertir el olvido en una forma de relación con el mundo y no pensarlo como carencia) que la película desplaza una angustia perversa: la pérdida de la temporalidad lineal.

Eterno retorno del olvido, pero no al modo de Memento, sino en un cuerpo que es pura mutación, pura transformación, donde ni siquiera los mensajes, escritos antes, tienen sentido (ni podrían tenerlo): Lee ha matado a su esposa desde siempre aunque nosotros lo experimentemos como callejón sin salida, como destino irónico (con sentidos que no podemos prever), como lanzamiento sin regreso.

Queda como anécdota de lo que he dicho un recuerdo de una de las veces que fui a ver El Almuerzo Desnudo.

Un tipo un par de filas más adelantes gritó (literalmente) durante toda la película sus opiniones y sensaciones. El resto de nosotros estábamos molestos. No podíamos entender que él era el espectador ideal de la pesadilla de perdernos.

Mario Sobrazo. Publicado originalmente en http://www.sepiensa.cl/